Un hombre imaginario, sentado en una banca, medita; piensa en sus tristezas imaginarias, y yo frente a él pienso que piensa sus tristezas, aunque no lo conozco ni hemos cruzado palabra. Lo imagino, pero no quiero interrumpirlo, aun cuando su rostro me parece familiar. Se levanta y lo acompaña un perro imaginario cuya imaginaria piel permite adivinar un esqueleto.
El hombre se va caminando con su perro por la vereda de ese parque imaginario. La banca imaginaria desaparece. El parque es ahora niebla. El hombre se pierde. Se disipa el perro también. Y yo me quedo pensando en mis tristezas, en este día en que todo es niebla y recuerdo.
Autor: Alberto E. Nava Garcés
Ilustración: Gary Fernández
Fuente: Revista Escala

2 comentarios:
Gracias por incluir mi cuento entre sus páginas...
Alberto E. Nava Garcés
Gracias a ti...
Por escribir y compartir...
Publicar un comentario