Flores en el Ático


Flores en el Ático es una novela escrita por V. C. Andrews y publicada en 1979. Es el primer libro de la saga Dollanganger, y al cual le siguen los títulos Pétalos al viento, Si hubiera espinas, Semillas del ayer y Jardín sombrío. Narrada en primera persona por Catherine Dollanganger, la novela nos introduce a la vida temprana de cuatro hermanos que son aislados del mundo en un ático.

Sinopsis del Libro:
Sobrecogedora historia de cuatro niños que viven un mundo atroz. Esta novela narra la terrible experiencia vivida por cuatro niños que, víctimas inocentes de unas pasiones prohibidas, crecen en un lúgubre encierro, aislados del mundo por una madre cruel...
Chris y Corrine tienen cuatro hermosos hijos a los que adoran y son muy felices hasta el desgraciado día en que Chris muere. Corrine, que se siente desamparada sin Chris, decide marcharse con sus hijos a la mansión Foxworth, la casa de sus ricos y severos padres.
Corrine promete a sus hijos una vida llena de lujos y comodidades, pero cuando llega a la mansión se desprende de ellos, los confina en una habitación que da a un ático y le cede las decisiones a su malvada madre, la abuela de los niños.
Sus cuatro hijos pasan los días encerrados, sin aire libre, sin sol, encerrados en una misma habitación durante tres largos años.
La muerte misteriosa de uno de ellos pone fin a la paciencia y la ingenuidad de Cathy y Chris, los hijos mayores de Corrine.


Sinopsis de la Película:
Tras la muerte de su marido, las dificultades económicas obligan a Corinne y a sus cuatro hijos a trasladarse a vivir al antiguo caserón gótico de sus padres. La relación familiar es tensa y tormentosa. En su juventud, Corinne se había enamorado de un hombre que no contaba con el beneplácito de sus acaudalados padres. A pesar de ello, no dudó en huir y casarse con él, siendo automáticamente `esheredada. Tras sufrir numerosas humillaciones por parte de sus padres, llega a un acuerdo con ellos: los niños vivirán escondidos en una habitación de la casa porque, aunque los abuelos están dispuestos a mantenerlos, no quieren saber nada de ellos. La madre los visita diariamente hasta que, bajo la perversa influencia de sus padres, no sólo los condena a la soledad, sino a algo mucho más terrible: la lenta agonía a la que los somete su abuela. Adaptación de un best seller basado en una historia real.

Trailer:

N Otra Vida

Vamos en medio de la multitud como muñecos
que sin querer están siguiendo el guion del universo
fuimos movidos como plumas en el viento
hasta encontrarse nuestros ojos un momento.

Yo te conozco, creo que de un sueño
es imposible me dijiste no te creo
mira mis ojos, siente que tiemblo
que el corazon se esta saliendo de mi pecho

Desde otra vida
y en este beso
me lo debias
hace tanto tiempo.

En otra vida
y en otro cuerpo
tu ya eras mia
cuanto te quiero.

Ya lo sabia no fue en un sueño
fue en otra vida.

Fuimos movidos como plumas en el viento
por que el destino nos guardaba este momento.

Edgar Oceransky

La Mitad...

La mitad de la belleza depende del paisaje y la otra mitad del hombre que la mira.

Lin Yutang

Vivir...

"Aquel que tiene un porqué para vivir se puede enfrentar a todos los "cómos"."

Friedrich Nietzsche

Necesidad...

"La necesidad es un mal, pero no hay necesidad alguna de vivir con necesidad".

Epicuro

Plácida Ignorancia...

"No hay en el mundo fortuna mayor, creo, que la incapacidad de la mente humana para relacionar entre sí todo lo que hay en ella. Vivimos en una isla de plácida ignorancia, rodeados por los negros mares de lo infinito, y no es nuestro destino emprender largos viajes. Las ciencias, que siguen sus caminos propios, no han causado mucho daño hasta ahora; pero algún día la unión de esos disociados conocimientos nos abrirá a la realidad, y a la endeble posición que en ella ocupamos, perspectivas tan terribles que enloqueceremos ante la revelación, o huiremos de esa funesta luz, refugiándonos en la seguridad y la paz de una nueva edad de las tinieblas".

Howard Phillips Lovecraft
La llamada de Cthulhu

Los Amorosos...

Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.

Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.
Les preocupa el amor.
Los amorosos viven al día,
no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan, no esperan nada, pero esperan.
Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre —¡qué bueno!— han de estar solos.

Los amorosos son la hidra del cuento.
Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.

En la obscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.

Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.

Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.

Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.

Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor como en una lámpara de inagotable aceite.

Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.

Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo, complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.

Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida.

Y se van llorando,
llorando la hermosa vida.

Jaime Sabines

La Foto del Día

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